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Cuentos Lo que nadie se imagina 

Lo que nadie se imagina 23

Orlando Silva juega con sus dedos mientras aguarda la respuesta de Consuelo Rojas, la mujer que justo hace cinco minutos acaba de recibir un peluche ridículamente grande como romántico en plena Avenida Abancay. Uno que otro curioso se acerca para ver el desenlace de la escena.

El silencio incrementa la tensión en la mente del pobre Orlando. “Cómo chucha no fui un avestruz para enterrar mi cabeza”, se dice así mismo en su mente para calmar un poco las cosas.

Ella abre la boca. Va a hablar…

“Siempre te dije que te quiero como un amigo… Pero estoy dispuesta a que eso cambie… He notado que eres alguien muy especial”

Orlando no se lo puede creer. La sonrisa estúpida ya se dibuja en su cara.

“Pero hay una sola condición para que estemos… Me tienes que mostrar las últimas actividades de tu Facebook y debo ver que no le has dado ningún ‘like’ a ninguna chica en las últimas tres semanas”.

Orlando está atónito. Ya sabe que está jodidazo, porque al menos a una amiga le ha dado like por cualquier otro motivo que no sea necesariamente un conato de gileo. ¡Qué no todo es sexo en esta vida!

“Claro, toma mi celular. Aquí te abro el Facebook y revisa…”

Ay, Orlando. Lo mejor que puede pasarte es que todo sea una prueba, que la chica te diga después: “Solo quería saber si eres transparente conmigo y se nota que lo eres. No le temes a nada por mí”. Pero esas cosas nunca suceden en esta perra vida. Hay que ser bien cojudo para pensar así, mi estimado Orlando. Pero la fe es lo último que…

“¡TAN SOLO ANTEAYER LE HAS DADO UN LIKE A ESTA TIPA! ¡PENSÉ QUE ERA DIFERENTE!”

Orlando se coge la cabeza. La realidad ya parece un mal chiste. Los curiosos comienzan a reírse a carcajadas.

“¡Ya eso son huevadas!”, “¡No te dejes, oe!” y “¡Qué tal locona!” son algunas de las frases que los ambulantes, choferes e incluso policías gritaron para animar al pobre muchacho que, así como su tremendo peluche, también fue tremendo pelotudo para no ser precavido.

Consuelo le devuelve el celular a Orlando y este -entre enfadado, flipado y triste- enrumba a casa no sin antes hacer un número final. Ya saben, para la improvisada audiencia que fue testigo de una declaración de amor no correspondida.

“¡Mira cómo le doy like a tu vieja! ¡Más rica!”

La risa inunda el escenario callejero.

Orlando se sube los pantalones y se retira con paso marcial.

Orlando no regresa la mirada para ver lo desencajada que está Consuelo con tremenda escena, tan tremenda como el osito cojudo que regaló a final de cuentas.

Orlando se sube al bus. Orlando se tapa la cara. Orlando se echa a llorar.

* Inspirado en un caso de la vida real

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