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Reflexiones 

Cuando cierras los ojos al correr

Anda, corre, vuela…

Siempre pienso en esta frase cuando cierro los ojos al correr durante mis entrenamientos semanales.

Por unos 30 ó 50 metros ando totalmente a ciegas sin miedo a tropezarme o chocar con alguien. Solo en esos 30 ó 50 metros siento que estoy viajando, que las piernas desaparecen, el piso desaparece y la mente se proyecta hacia la oscuridad, hacia la nada.

El cuerpo se vuelve máquina, solo corres en automático y sientes cómo el aire te traspasa, cómo la piel se sensibiliza hasta un grado que llegas a sentir hasta cosquillas por cada pequeño cambio del viento.

Es como desaparecer, como volverte en energía constante… Algo así como jugar a estar y no estar al mismo tiempo. Sabes que estás allí, porque físicamente lo estás, pero las condiciones mentales del cuerpo estás descolgadas del espacio y tiempo.

Abstraerse, proyectarse, desaparecer…

Es como viajar: uno siempre lo hace no para ir hacia otro lugar, sino para huir de donde se parte.

Y cuando se acaban los 30 ó 50 metros, los ojos se abren con dolor y regresas a la realidad, y te sientes invencible en tu propia soledad.

Foto: U.S. Air Force photo by Staff Sgt. Evelyn Chavez/Released

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