Psicología Reflexiones 

¡Huevones al poder!

Hacerte el huevón es una excelente manera de sobrevivir a las vicisitudes de la vida. Lo sé muy bien, porque de huevón creo tener muchas cosas… para bien y para mal.

Pero vayamos un poco más en nuestro análisis. Ser huevón (o al menos aparentarlo) es un arma de doble filo muy interesante. Ya lo dijo en su momento Sofocleto al advertir que un cojudo -entendido como sinónimo de huevón- puede ser un pendejazo de primera, solo que oculta sus intenciones bajo el velo de la cojudez.

¿Quién sospecha de un huevón? ¡Pues muy pocas personas! Usualmente otros huevones que ven en los huevones encubiertos una amenaza a su especie. Es algo así como la oveja que advierte del lobo disfrazado. A nadie le gusta que lo confundan, pienso. Si uno es huevón, ¡pues tiene que serlo de cepa!

Debo confesar que ser huevón me salvo de varias. ¡Les juro que sí! Me ahorró peleas con las exenamoradas, saqué alguna sonrisa con alguna tontera intransigente y hasta me valió un beso de quien nunca más volví a ver.

Lo divertido de ser huevón -o ser consciente de ello y aprovecharse de la situación- es observar cómo la vida transcurre sin formar parte de ella. Suena medio trágico, pero el poder de hacer esto es ser invisible y así poder actuar en escenarios determinados y observar cómo tu acción va afectando a la vida del resto. En cierta forma, te hace un personaje omnipresente al contar con el poder de intervenir en la vida de los demás y al mismo tiempo ser invisible para ellos, porque te miran por encima del hombro.

¡Eso es un poder tan exquisito!

Lo interesante de esta ventaja es que a la vez supone el despojo del ego: para ser huevón y gozar de la invisibilidad antes descrita, debes asumir que los demás te observarán como un don nadie. Esto supone obviamente dejar de lado el ego para pasar desapercibido en todos lados, algo bastante complicado para quienes no toleran la falta de atención.

Una excelente serie para dar cuenta de lo que explico en esta publicación es El Mentalista, precisamente el episodio ‘Llama roja’ de la primera temporada. ALERTA DE SPOILER. En dicho capítulo, hay un personaje llamado Tommy, el tonto del pueblo que acabó siendo un asesino.

¿Cómo lo descubrieron? Pues Tommy se excedió con su papel de tonto: asistió al funeral de su víctima con un polo negro con una calavera al centro, algo que solo lo haría un tonto o un asesino sinvergüenza. Eso no fue todo, también descubrió en su dormitorio un libro de Moby Dick, una obra compleja para alguien con pocas luces como Tommy.

Para resumir, me quedo con la frase de Patrick Jane: “ser tonto te da cierto poder. Estás ahí y no estás ahí. Es como tener una capa de invisibilidad”.

¡Huevones al poder!

Foto: Stańczyk – Jan Matejko. Bajo licencia de Creative Commons

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