Amor Ficción 

Cómo saber si tu pareja está en Tinder

Clodovea Sifuentes no podía embriagarse hasta las últimas en la fiesta de Año Nuevo sin antes resolver una simple pregunta: ¿mi enamorado está en Tinder?

Dispuesta a desenmascararlo en medio de todos sus amigos y dar cuenta que ese hombre no mereció cada día de su vida  por dos largos años, Clodovea se ofreció a cuidar el celular de su novio mientras este se emborrachaba con los amigos en la casa de playa que alquilaron en Cerro Azul. Él se lo entregó sin chistar sabiendo de antemano que el dispositivo requería de su dedo índice para acceder al sistema.

Pero ella estaba preparada: “Necesito hacer una llamada a mi madre, cielito”. Él pensó dos segundos antes de responder. “No tengo saldo, pero te presto el de un amigo”.

Esos dos segundos bastaron para que Clodovea tenga aún más dudas sobre la fidelidad de su novio. Pero a ella se le acabaron las ideas para acceder al celular sin generar las sospechas de su pareja, porque de ser así, él eliminaría la prueba del delito. Clodovea tuvo que ser muy cuidadosa.

Pasaron las horas y la fiesta de Año Nuevo acabó. Clodovea y su novio partieron la noche del día siguiente hacia Lima. Ella aún seguía con la duda y desde el asiento del copiloto, observaba a su novio conduciendo el carro a toda velocidad en una carretera sin tráfico…

“¡Eureka!”, pensó Clodovea.

Cogió su propio teléfono e instaló Tinder. Hecho esto, ingresó a las configuraciones de búsqueda de parejas para reducir su alcance a solo 1 km. a la redonda. Hace clic en ‘guardar cambios’ y espera ansiosa los resultados de búsqueda.

Roberto Patiño (28 años) Descripción: “Soltero pero nunca solo”.

Sí, él era.

Clodovea furiosa arremete contra Roberto y le muestra el pantallazo de su perfil en Tinder. “Pero que esté allí no significa que te fui infiel. Toma mi celular y entra al chat de Tinder y Whatsapp, verás que no tengo nada”, le dijo el acusado.

Ella entra y ve que efectivamente no había ningún chat con alguna chica. Era todo muy raro. “Ves, amor, sólo lo tuve por curiosidad”.

Casi entrega el teléfono rendida cuando de casualidad presiona el botón de contactos. Algo le llamó especialmente la atención. 

“¿Por qué todas tus amigas tienen como apellido una T? Carla T, Lorena T, Juliana T… No jodas, ¡todas son de Tinder!”

Roberto, tan macho como ridículo, frenó el vehículo y dejó a Clodovea en el Bulevar de Asia con todas sus cosas. Nunca negó lo evidente y Clodovea, orgullosa a su estilo, cogió sus cosas para pedir un aventón hacia Lima.

No hubo lágrimas ni escenas de teatro callejero. Solo Clodovea con su maleta de sueños pasados buscando un vehículo que la llevara a casa para empezar de nuevo. Poético de alguna manera.

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