Reflexiones 

El ignorante confeso

Creo saber un poco de muchas cosas… pero hay algo que nunca pude entender, algo tan sencillo que hasta me da vergüenza confesar: no sé cuál es la diferencia entre vegetales, frutas y verduras.

¡Suena ridículo! Eso lo sé bien. No creas que es fácil andar por la vida desconociendo estas tres categorías que forman parte del currículo de cualquier colegio inicial. Para mi buena suerte, este desconocimiento no fue impedimento para culminar la licenciatura y la maestría; sin embargo, quedas en ridículo públicamente en singulares situaciones de la vida cotidiana.

¿Pero situaciones como cuales? Te contaré algunas que aún recuerdo con cierto pesar.

La burla académica. Hace buenos años en el ICPNA, la profesora me preguntó a qué categoría pertenece la fresa. Yo entré en crisis y dije que era un vegetal. La profesora se escandalizó tanto por mi respuesta que su reacción caricaturesca ocasionó la risa de mis compañeros. ¡Cómo deseaba que la tierra me tragara! Tanta fue la vergüenza que ni recuerdo la respuesta correcta.

Pánico en el supermercado. Algunos supermercados en Madrid tienen balanzas computarizadas en las que los clientes deben clicar en la pantalla entre dos grupos principales (frutas y vegetales) para pesar el alimento que han colectado. La primera vez que utilicé estas máquinas elegí un grupo al azar para luego buscar entre las fotos de los alimentos los tomates que tenía en la bolsa. ¡No imaginan el estrés por la demora! ¡Peor aún cuando la gente hacía cola detrás de mí!

Entrevistas de trabajo. Hace unas semanas tuve que dar un examen de razonamiento verbal para un puesto laboral. Todo andaba bien durante la prueba hasta que llegué a la sección de analogías. Entre las preguntas tipo examen de admisión, había una en concreto que trataba de vegetales y frutas. No hice más que pasar a la siguiente.

Lo gracioso de no saber la diferencia entre vegetales, frutas y verduras es que todas las personas a las que les cuento mi problema tratan de darme una breve explicación para solucionarme la vida. ¡Pero todas apuntan a un argumento distinto!

Por eso pienso que estoy destinado a nunca entender la diferencia. Soy un ignorante confeso y no me compadezcan.

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