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Filosofía Reflexiones 

Lo ‘irreal’ de la naturaleza humana

Hace unos días discutí algo realmente interesante con un viejo amigo. Hablábamos sobre cómo la gente miente adrede en las redes sociales para aparentar algo que en realidad no son. Digamos, por ejemplo, las personas que adelgazan su figura con Photoshop en Facebook o Tinder. “El problema con esto es que los usuarios de dichas redes premian ese comportamiento otorgando ‘likes’ a una imagen irreal. Lo que están haciendo es banalizar la interacción social a partir de una mentira”, dijo mi amigo.

Me quedé pensando en su perspectiva. De alguna manera tiene razón: las personas modifican su imagen personal en aras de una identidad diseñada especialmente para exhibirse en las redes sociales. Dicha modificación es una alteración de la realidad, pero hubo un tema que me llamó especialmente la atención.

“Entiendo tu punto. Pero agregaría que no son las redes sociales las que premian ese comportamiento, sino la comunidad que utiliza dichas redes. El medio se adapta a las necesidades y valores de interacción de las personas. Facebook, Tinder y las demás redes son productos que se amoldan a las necesidades humanas y somos nosotros quienes finalmente las dotamos de características, valores e incluso códigos de comportamiento”, señalé.

“Pero estas redes difunden una imagen irreal. Pienso que deberían ser más responsables al respecto. Por ejemplo, Tinder debería tener un indicador para revelar qué imágenes son adulteradas y así la gente accede a información real”, repuso mi amigo.

Es aquí cuando comienza lo interesante. “Hacer eso es dispararse los pies, porque Tinder es un espacio donde justamente la gente ingresa para crear una identidad virtual con el objetivo de atraer a alguien. Las imágenes trucadas que pretenden embellecer a las personas realmente le hacen un favor a Tinder, porque hace más atractivo el catálogo de parejas disponibles en la plataforma. De alguna manera, Tinder busca evitar estas imágenes falsas al enlazar tu cuenta de Facebook con el aplicativo. Como que ya por ahí es algo, pero obvio se puede hacer más como lo que tú propones”.

“¿Entonces que se siga compartiendo imágenes irreales y que nadie haga nada?”, insistió.

Y así fue como me llegó la iluminación. “Veo que te preocupa bastante el tema de la realidad, ¿pero acaso la alteración de imágenes personales también no es real? En cierto modo lo es, porque sucede en el plano de la realidad. ¿Pero acaso esa actuación que tú denuncias no es natural en la humanidad? Somos seres que constantemente nos reinventamos, no tenemos una identidad única para todo y lo ‘irreal’ que tú señalas para mí es sumamente natural y ‘real’ en el sentido que existe y es tan verdadero como las flaquezas de nuestra constitución como seres humanos. Veo que tú quieres corregir eso a través del aplicativo, pero resulta que eso ya es algo inherente a nuestra condición humana”.

Esta última intervención me viene dando vueltas desde hace días. Mi amigo denunciaba la irrealidad que exhibimos como si se tratase de algo que debemos corregir. Yo postulo que esa ‘irrealidad’ forma parte de nuestra naturaleza y así será hasta el apocalipsis. ¿Entonces se puede ser irreal y natural al mismo tiempo?

Menuda pregunta. Pienso que la irrealidad es una etiqueta que guarda el peligro de ocultar información. Todo lo que percibimos con los sentidos es real, incluso las imágenes que pretenden tergiversar la realidad. La realidad es que ambas cosas existen y merecen englobarse en el mismo plano para analizarlas sin prejuicio.

A mi humilde opinión, la naturaleza vendría a ser todas las cualidades y características de algo (objeto, animal, persona, etc.) en estado puro o bajo circunstancias determinadas. Lo natural no solo es la apreciación de algo en “estado natural” (libre de todo contacto con elementos ajenos a su realidad), sino también a las reacciones que este algo tiene en relación con los demás. Lo interesante de esta descripción es que nos acercamos a la naturaleza de algo desde todas sus perspectivas hasta entender las contradicciones.

Trasladando esta idea a la discusión con mi amigo, la naturaleza humana es justamente nuestra pretensiones por generar una identidad que es única en su constitución, pero que a la vez también se debe a las aprobaciones del grupo social. No existe una identidad unitaria para todos. Como señaló el filósofo francés Jean-Paul Sartre, “el hombre está condenado a ser libre”, porque es su libertad de elección la que hace que nuestra búsqueda de sentido tenga un sinfín de alternativas. Y entre tantas alternativas, no solo optamos por una, sino que llegamos a conjugarlas para atender así nuestras necesidades, incluso si esto llega a provocar las contradicciones (muy naturales y que no tienen nada de malo en sí) de nuestros valores.

¿Pero qué somos entonces? Pues fácil, lo que nosotros decidimos ser. Aceptar nuestra vulnerabilidad nos hace más humanos y sinceros frente a nuestras pretensiones. Hagamos de nuestra condena por la libertad una oportunidad para elegir ser felices.

Foto: Max Pixel – Bajo licencia de Creative Commons

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