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Reflexiones 

Charles Manson, un ser de todo y nada

Charles Manson. Su solo nombre es sinónimo de locura, crimen, contracultura y Estados Unidos. Manson fue tratado por la prensa estadounidense como el loco del momento hasta convertirse en un icono de la cultura pop, considerando sus apariciones en series como South Park y en extensos libros sobre criminología. Lo sé bien, porque Manson es un nombre que he hallado en varias oportunidades en mi colección de historias policiales.

Basta googlear un poco para saber que Manson nació en Cincinnati (Ohio) el 12 de noviembre de 1934 y que lideró un grupo conocido como ‘La Familia Manson’ a finales de la década de 1960. Fue este colectivo que bajo las órdenes de Manson asesinaron a siete personas, entre ellas los actores Sharon Tate, Donald “Shorty” Shea y el músico Gary Hinman. Fue con su captura cuando los medios televisivos hicieron eco de su imagen, pues Manson tenía todo para ser la estrella policial del momento: extrovertido, carismático (a su manera), impulsivo y visiblemente loco.

Pero no nos detengamos en lo que todo el mundo sabe, sino en algo que me llamó especialmente la atención. Pero antes, ¿se han tomado el serio trabajo de escucharlo? Olvídense de lo que hizo (lo sé, es difícil considerando que conspiró para acabar con la vida de personas inocentes) y dedíquense a sentir la lógica de sus palabras, de cómo su mente construye una realidad alternativa a lo que nosotros llamamos “cordura”.

Motivado por su reciente fallecimiento, me dediqué a buscar videos sobre Manson para recordar sus extrañas apariciones en televisión. Finalmente dí con un video recopilatorio de El País con las respuestas más excéntricas del criminal estadounidense.

Sus insólitas respuestas guardan algo muy interesante: su habilidad para llegar a conclusiones filosóficamente profundas teniendo en cuenta su precaria calidad de vida. Sí, dije “filosóficamente profundas” porque las respuestas que brinda sobre su ser son muy complejas hasta llegar al punto de la lucidez si tienes la capacidad de deshacerte de los prejuicios o de lo socialmente aceptado. Analicemos con calma.

Manson dice en una oportunidad: “Nadie. No soy nadie”. Luego, cuando le preguntan qué ve en su interior, él responde: “Lo veo todo. Todo. Veo el bien y el mal”. Después, cuando es consultado si cree en Dios, él dice: “Sí, creo en mí. ¿Por qué no debería?”.

Primero Manson dice que no es nadie para luego decir que dentro de él lo ve todo. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se puede ser nada y sentir en el interior que lo vemos todo? Se me ocurre una razón: porque todo viene de la nada y si somos seres hechos de algo (entiéndase átomos, materia, venas, etc.) que proviene de la nada (el vacío universal desde el cual proviene la vida, ese algo que está antes del Big Bang y que aún sigue siendo un misterio), pues somos ambas cosas al tiempo. Somos algo que proviene de la nada, pero al mismo tiempo dentro de nosotros guardamos relación con el todo si tenemos en cuenta que TODO el universo tiene su origen de la nada.

Pensar así realmente resulta excitante, y esto guarda relación con la pregunta sobre Dios. La idea de Manson sobre ser nada y todo al mismo tiempo guarda estrecha relación con una visión panteísta de la realidad.

El panteísmo es una concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y la deidad que llaman Dios son equivalentes. El panteísmo no estipula a un ente como dios, sino que La ley natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de lo que las religiones llaman «Dios». La palabra está compuesta del término griego πᾶν (pan), ‘todo’, y θεός (theos), ‘Dios’; así se forma una frase que afirma: «todo está en Dios y Dios está en todo».

Quedémonos con lo último: “todo está en Dios y Dios está en todo”. Si pensamos así, lo que denominamos Dios está en nuestra naturaleza como también lo está en toda su creación universal. La pregunta del periodista -sensacionalista a todas luces- está basada en una lógica bastante cristiana y occidental en la que existe una separación entre Dios y su creación, haciendo de la salvación del alma -véase los postulados de San Agustín– algo que únicamente dependía de la gracia del Señor. Pero siguiendo el rastro de la lógica de Manson, él cree en una especie de misticismo oriental en el que existe una fusión total. Decir “Yo soy Dios” no es tan disparatado si es que cambias el chip occidental.

Lo que más me intriga de la biografía de Manson es saber cómo llego a estas reflexiones tan complejas (si las analizas con lupa) a partir de sus experiencias que ha vivido dentro o fuera de la cárcel. No hace falta tener un grado universitario para llegar a las mismas conclusiones de eminentes profesionales si tienes la capacidad de abordar problemas existenciales con especial habilidad.

Charles Manson no fue un genio y nadie olvidará los crímenes que orquestó con ‘La Familia Manson’, pero no hay que ser mezquinos con las habilidades de alguien, sea quien fuere, por más odio mediático en su contra. Esto resulta paradójico teniendo en cuenta que Manson apareció en diversas oportunidades en televisión, no para realmente atender sus respuestas, sino para rentabilizar su excéntrica personalidad en el raiting.

Espero que esta publicación le haga justicia a Charles Manson, porque siempre he sentido que la mejor manera de desarrollar nuestra capacidad de escuchar a los demás es atendiendo a quienes nadie desea oír.

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