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Psicología Reflexiones 

Nadie te hará favores

Hay cosas que se tienen y otras que nunca se tendrán. PUNTO. No hay más. Ahora que me acerco a los 30 años, vengo reflexionando sobre todas aquellas cosas en las que aún me digo: “carajo, la justicia divina algún día llegará”. Quizá pueda morirme diciéndome la misma frase y seguir teniendo fe en tremenda cojudez.

Pues llámalo resignación o simple alpinchismo. Lo que vengo a predicar ahora es que llanamente hay cosas que se tienen y otras que nunca se tendrán. Nunca esperes algo si es que ese algo no depende directamente de ti. Pero sobre todo nunca esperes algo de quien se supone tiene obligación alguna de actuar o reaccionar según las circunstancias.

¿O acaso crees que no existen los paradigmas más insólitos que solo la realidad puede engendrar? Temo creer que es así, que simplemente el orden que nosotros creemos sobre cómo deben funcionar las cosas no es más que una pretensión ingenua de querer ordenar al mundo mediante la moral. Nada más patético que no creer, por ejemplo, en madres que sean auténticamente felices asesinando a sus propios hijos o padres disfrutando auténticamente la vida que nunca pudo tener gracias a que prostituye a su propia hija con síndrome de Down. ¿Vamos, en realidad crees que no es posible? ¿O dirás que no puede suceder, porque ellos nunca “deberían” actuar así?

A lo que voy es que en memoria de quienes aún sufren la vida y de quienes tomaron la vía fácil al exigir cosas que al mundo le vale mierda me atrevo a decir que no hay a quién reclamar lo que por justicia tú crees que debe existir. No existe una mesa de partes para cada desgracia. No hay atención al cliente ni soporte técnico para corregirte las heridas de una vida lastimada por los deberes ajenos de quienes se supone amor y recibes odio.

Vive con eso y si mueres, deja morir a los demás en paz, porque nadie te hará favores ni para enterrarte.

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